Entrenador avanzado, necesidad retrasada

Por: Gabriel Cortina

Una de las principales necesidades de la fuerza aérea es contar con un sistema de entrenador avanzado. Todos los pilotos de caza han pasado por una de estas plataformas de vuelo, por lo que resulta de extrema necesidad disponer de medios adecuados para la formación de caza y ataque. En el caso español, el adiestramiento se ha venido haciendo desde hace décadas en el avión monomotor C-101. Introducido en 1980, su fecha de caducidad está señalada para 2021, dentro de tres años. A día de hoy, se trata de una de las cuestiones más delicadas para el Ejército del Aire, ya que es una demanda que no ha tenido respuesta clara por parte de los máximos responsables del Ministerio de Defensa.

 

entrenador avanzado C-101

 

La paradoja es que, frente a la necesidad de disponer de un entrenador avanzado, la respuesta se ha ido retrasando una y otra vez, y todo parece indicar que, teniendo en cuenta el presupuesto, el panorama de las inversiones anunciadas y la realidad política, dentro de tres años sonarán las alarmas.

Señalamos dos derivadas: primera, que la falta de avión-entrenador afecta muy negativamente a la hora de formar a los futuros pilotos de caza, ya que necesitan completar su formación como paso previo antes de tomar los mandos de un F-18 o un Eurofighter; segunda, que la obsolescencia implicará unas consecuencias gravísimas para los ingenieros, pues por razones del mercado laboral, nos quedaremos sin el talento necesario para formar a las futuras generaciones de expertos aeronáuticos. Sin programas específicos, la industria no avanza y no se genera la demanda de ingenieros ni de un empleo altamente cualificado.

Como ocurre con este tipo de proyectos, el entrenador avanzado supuso una gran oportunidad tanto para el fabricante (la industria aeronáutica, los ingenieros, las posibilidades de futuros desarrollos…), como para el usuario (los pilotos, la logística, nuevas modernizaciones…) siendo un multiplicador de capacidades para que el Ejército del Aire pueda cumplir con las misiones encomendadas.

Denominado Aviojet, Mirlo o Halcón, el C-101 fue fabricado por la compañía española Construcciones Aeronáuticas S.A. (CASA), ha dado muy buen resultado y es utilizado actualmente por la Fuerza Aérea de Chile, de Honduras y de Jordania. Su popularidad internacional responde, de forma especial, a que es el modelo de avión utilizado por la Patrulla Águila en sus exhibiciones de acrobacia aérea.

El drama es que, desde hace diez años, las demandas del Ejército del Aire no han sido atendidas y las soluciones posibles multiplican los costes. A día de hoy, Airbus (antigua CASA) no cuenta con un sustituto y no existe un programa de modernización integral, que abarque tanto aspectos de estructura como de aviónica. Han pasado cuarenta años, y los criterios de rentabilidad económica, la realidad del mercado  internacional y la deficiente política industrial nacional, entre otros, hacen que sean otras las prioridades.

Tres son los posibles escenarios futuros: desarrollar, comprar o externalizar. El primero es desarrollar y significa que Airbus invierta lo necesario para que su nuevo entrenador europeo estuviera listo en los próximos años y poder entregarlo a la fuerza aérea española lo antes posible, teniendo en cuenta requerimientos y certificaciones propias. La estrategia de Airbus es maximizar su oferta para conseguir cartera de clientes y ofrecer una alternativa conjunta que sirva para los Alpha Jet franceses y alemanes, el C-101 español y a los Hawk del Reino Unido. Esta opción afecta, lógicamente, a los intereses políticos e industriales de las compañías Dassault Aviation y Bae Systems. Contar con el apoyo de la industria nacional sería el escenario más indicado, porque para el Ejército del Aire, la elección de un programa desarrollado por la industria española, como fue el Aviojet, revierte directamente en el empleo y en la adquisición de tecnología para empresas locales. Se denominaría el “C-102” y valdría para sustituir tanto a los C-101 como a los F-5.

 

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El segundo es comprar. Como la vida operativa llega a su fin y hace falta entrenar a los alumnos de la Academia General del Aire, los posibles sustitutos están disponibles en el mercado. La opción es salir y comprar una plataforma en uso, que de buenos resultados y que se adapte a los requerimientos del cliente.

El avión reactor turbohélice sería una opción interesante, en cuanto a los criterios operativos y tecnológicos. Los candidatos posibles para comprar son el norteamericano T-6 Texan, el suizo Pilatus PC-9/PC-21, el polaco PZL-130 Orlik o el italiano Alenia Aermacchi T-346. En un nivel superior estarían el Leonardo T-100, el Lockheed Martin/KAI T50 y el Boeing/SAAB BTX-1, que son los candidatos del Programa T-X de la USAF.

 

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La tercera opción es externalizar la formación. Consistiría en que los pilotos españoles realizaran los cursos en academias de otras fuerzas aéreas (Europa, Canadá, Estados Unidos…), alquilando los aviones y todo lo necesario para poder realizar el entrenamiento. Esta posibilidad sería temporal, hasta que se solucionara el problema, pero incrementaría notablemente los costes de todo tipo.

 

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Las posibilidades que ofrece la quinta generación de cazas de combate, que es una tecnología basada en sistemas más complejos y automatizados, exigirán al piloto la máxima capacidad física y mental, lo que implica un entrenamiento con los mejores medios disponibles y el menor coste posible. La conclusión final es que, una vez más, las capacidades de nuestras fuerzas armadas, en este caso del Ejército del Aire, deben ser tenidas muy en cuenta por la agenda de prioridades estratégicas político-industriales. Teniendo en cuenta la realidad de todas las variables que son necesarias para disponer de un entrenador avanzado óptimo, el que quisiéramos tener, se confirma que el plan de enseñanza manifiesta el plan futuro. ¿Cómo se prepara el futuro? Que no haya un sustituto para el C-101 y que no se valore seriamente la formación de nuestros pilotos de caza –que son un exponente magnífico de altísimas capacidades- manifiesta un problema que va más allá de la falta de presupuesto.

Acerca de Gabriel Cortina

Gabriel Cortina
Consultor de empresas. Diplomado en Altos Estudios de la Defensa Nacional por el CESEDEN