GEORGES GUYNEMER O EL HÉROE CLÁSICO

Por: Silvio Fernández Panadero

Pocas veces en la historia nos encontraremos con el tipo de héroe clásico, digno de ser exaltado en el discurso de Pericles a los caídos o de ver inmortalizada en mármol su efigie para admiración y ejemplo de las generaciones venideras. Georges Guynemer es a nuestro juicio una de esas raras excepciones. Y sin embargo, no cabe imaginar a un guerrero más alejado del canon clásico que nos han legado los artistas, historiadores y poetas de la Antigüedad.

Desde luego, nadie hubiera podido creer viendo al pequeño, pálido y débil joven que con su padre esperaba ansioso el momento de ser recibido por el comandante de la escuela de aviación de Pau en Noviembre de 1914, que se encontraba ante un héroe, cuyo nombre llegaría a ser uno de los más venerados e ilustres de la gloriosa historia militar de Francia. Pero ninguno de los servicios armados le había dado la oportunidad de combatir por su Patria. Uno tras otro, el Ejército y la Armada, todos le habían rechazado.

En Agosto de 1914, tras la entrada de Gran Bretaña y Francia en la mayor contienda que había visto el mundo hasta entonces, la Gran Guerra, millones de franceses habían sido ya llamados a filas y en aquel sangriento crisol los soldados causaban baja por cientos de miles. Para el 29 de Agosto, el total de bajas francesas desde el comienzo de la guerra alcanzaba un número espantoso: 260.000, de los que 75.000 eran muertos. Sólo entre el 20 y el 23 de Agosto, 40.000 soldados franceses habían perdido la vida. 27.000 de éstos habían caído el día 22; día que iba a convertirse en el día más sangriento de la Primera Guerra Mundial. Mucho peor que el tristemente célebre 1 de Julio de 1916, primer día de la batalla del Somme, en el que alrededor de 20.000 ingleses no verían el siguiente amanecer y que suele recibir entre los historiadores anglosajones tan siniestra y ominosa distinción.

Tan atroz índice de bajas no fue igualado en toda la guerra, ni siquiera en las aterradoras masacres que supondrían las gigantescas batallas de material que iban a llegar en los próximos años, como la ya citada del Somme o la de Verdún. Y sin embargo, pese a la inmensa necesidad de hombres que la “hoguera” de la guerra consumía de forma inmisericorde, nadie quería a aquel pequeño voluntario. Según los servicios médicos no reunía las mínimas condiciones físicas para el servicio en campaña. Pero su suerte estaba a punto de cambiar. Un capitán desconocido, con quien Francia tiene contraída una deuda de gratitud imperecedera, iba a abrir de par en par a Guynemer las puertas de su destino. Pero volvamos por un momento la vista atrás para presentar a nuestro protagonista.

Guynemer en su 'Vieux Charles', el SPAD de matrícula S.113. www.earlyaeroplanes.com
Guynemer en su ‘Vieux Charles’, el SPAD de matrícula S.113.
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EL HÉROE AL QUE NADIE QUERÍA

Georges Marie Ludovic Jules Guynemer nació en París el 24 de Diciembre de 1894 en el seno de una familia acomodada con raíces aristocráticas, hijo de Paul Guynemer, graduado en la Escuela Militar de Saint Cyr, la Academia de Oficiales del Ejército francés, y de Julie Noémi Doynel de Saint Quentin. Por línea materna estaba emparentado con los reyes Luis XIII y Luis XIV, y con Bathilde de Orléans, madre del Duque de Enghien. Estudió en el colegio Stanislas de París, donde ejerció como profesor Henri de Gaulle, padre del que fue símbolo de la Francia Libre durante la Segunda Guerra Mundial, además de fundador y presidente de la V República en 1958, el general Charles de Gaulle. Entusiasmado por el cruce del Canal de la Mancha por el aire efectuado por Bleriot en 1909, el joven Guynemer decidió hacerse piloto. Disuadido por su padre, que consideraba aquello un deporte, no una profesión, dirigió sus pasos hacia la Escuela Politécnica y la ingeniería. Pero la guerra iba a trastocar todos sus planes para encauzarle hacia su sueño de forma inesperada.

La mala salud y frágil constitución física que padecía desde niño, unidos a su baja estatura y a sus cincuenta kilos de peso, jugaron una mala pasada a Guynemer. Tras presentarse en Bayona para alistarse bajo los colores franceses, fue tajantemente rechazado por los médicos como inútil para el servicio. Las relaciones de su padre no consiguieron eludir dictamen tan terminante. Sin embargo una mañana, cerca de la playa de Anglet, es testigo de las evoluciones, despegues y aterrizajes que realizan varios aviadores militares y pregunta a uno de ellos como alistarse en la aviación. Aquel amable piloto le dirigirá a la escuela de aviación de Pau, mandada por el capitán Bernard Thierry.

UNA FORMACIÓN ACCIDENTADA

En la escuela de Pau, Guynemer defendió con vehemencia su causa y su ferviente deseo de ser piloto ante el capitán director, que escuchaba con simpatía a sus dos visitantes. Le dolía tener que contrariar a un joven tan bien dispuesto, pero le explicó que su admisión era imposible por la insoslayable necesidad de un certificado de capacidad médica y del seguimiento del curso completo por parte del alumno aspirante. Mientras padre e hijo volvían contritos al automóvil, rechazados una vez más y con sus ilusiones definitivamente rotas, el capitán quedó pensativo. Súbitamente llamó a su ayudante:

– Vaya a buscar a esas dos personas y tráigalas de vuelta a mi despacho.

El capitán Thierry pensó con rapidez. Guynemer le había hablado de sus estudios en la Escuela Politécnica y de sus conocimientos de Matemáticas. Quizá no pudiera ser piloto pero cabía la posibilidad de convertirle en mecánico. Entonces, como hoy, la Aviación siempre ha necesitado personal de primera clase en los servicios de tierra.

Y así comenzó Guynemer a servir a su país, al ser alistado como alumno mecánico el 22 de Noviembre de 1914. A despecho de sus problemas físicos y de las bromas de sus compañeros, que le apodaron “mademoiselle” y “muchachita”, el entusiasta aprendiz trabajó con ahínco, manchado de aceite y grasa con los aviones y motores que no tardó en conocer en profundidad. Por formar parte de los servicios auxiliares no tenía derecho a volar, pero con su indomable voluntad no cejó en perseguir su propósito y continuamente importunaba al capitán, preguntándole que cuándo podría ser piloto.

Última fotografía de Guynemer tomada dos días antes de su muerte.Como antiguo mecánico, siempre ayudó a mantener los aviones que voló. www.laventuremoderne.fr
Última fotografía de Guynemer tomada dos días antes de su muerte.Como antiguo mecánico, siempre ayudó a mantener los aviones que voló. www.laventuremoderne.fr

El capitán Thierry, vencido por la perseverancia del joven, decidió otorgarle el permiso. Cierto día, el general Hirschaner le telefoneó desde el Ministerio de la Guerra para notificarle que le enviaba cien aspirantes a pilotos, procedentes del frente, a Pau. Thierry aprovechó la oportunidad y solicitó incluir a Guynemer en la relación de aspirantes. El general, dubitativo, preguntó si había cumplido su servicio militar y cuando el capitán le mintió diciendo que sí, acabó por aceptar y reclamó la documentación. Thierry se ocupó de que los papeles de Guynemer se “extraviaran” convenientemente y nunca llegaran al Ministerio de la Guerra. Nadie lo consideró extraño; en medio del caos de la guerra no era raro que un expediente personal desapareciera durante meses o para siempre.

El capitán Bernard Thierry había sabido valorar el diamante que se ocultaba bajo la endeble presencia física de Guynemer, diamante en cuyas facetas refulgían su ardiente patriotismo, su competencia técnica y su capacidad innata para el vuelo. La dureza de este diamante daría origen al filo cortante de “la espada alada de Francia “, como pronto iba a ser conocido.

Estamos convencidos de que los franceses deben eterna gratitud a aquel oscuro capitán quien, sin pensar en sí mismo o en su propia carrera, había cometido a sabiendas un acto punible según el código de justicia militar, saltándose los reglamentos y violando el sagrado principio de la disciplina ¡por dos veces!, para permitir a Guynemer llegar a ser aviador. Gracias a Thierry, Francia podría disponer del hombre que se convertiría en una leyenda del aire para los duros tiempos que se avecinaban.

Guynemer recibió la noticia el 23 de Diciembre de 1914, precisamente la víspera de su vigésimo cumpleaños ¡Qué mejor regalo de cumpleaños para un aviador de corazón! El 21 de Enero de 1915 sería nombrado alumno piloto.

Sin embargo, eso no significaba que los problemas hubieran terminado para Guynemer. Como veremos después, siendo ya piloto, el capitán Brocard, su jefe de escuadrilla, le devolvería a la escuela de vuelo, furioso por los destrozos causados en dos aviones, pero Jules Vedrines, su instructor y muy conocido en España como el vencedor de la carrera aérea París-Getafe de 1911, abogó en su favor. No fue la única vez que tuvo que tragar saliva en posición de firmes delante de un superior. Su propio benefactor, Thierry, le llamó a capítulo varias veces a causa de sus continuas infracciones del régimen interior de la escuela. Los vuelos de instrucción estaban limitados a doce minutos, pero Guynemer se olvidaba del reloj cuando subía a un avión, y en más de una ocasión se quedó sin combustible.

Por fin su esfuerzo y su determinación recibieron la ansiada y merecida recompensa. El 11 de Marzo recibe el título de piloto del aeroclub y el 26 de Abril el de piloto militar. Es nombrado cabo piloto el 8 de Mayo y el 8 de Junio se incorpora a su primer destino, la escuadrilla MS3, en la base aérea de Vauciennes. De acuerdo con el curioso sistema francés de la época, en la designación de la unidad se reflejaba el modelo de aeronave empleada – MS por Morane-Saulnier -, lo que obligaba a cambiar de designación cuando la escuadrilla cambiaba de material de vuelo.

Como ya sabemos, empezó destrozando dos aviones en el aterrizaje, lo que le supuso ser devuelto a la escuela de vuelo. Su jefe de escuadrilla, el capitán Brocard aún le daría una última oportunidad.

EL NOVATO LLEGA AL FRENTE

En Vauciennes se le asignaría un Morane-Saulnier Type L bautizado como “Vieux Charles” que había pertenecido al aviador Charles Bonnard, que había partido para combatir en Serbia. Acostumbra a sobrevolar cuando puede la casa de Compiègne, donde su familia ha tenido que establecerse.

En sus primeras misiones consistentes en reconocimientos y reglajes del fuego de artillería, demuestra un valor singular y una sorprendente serenidad y desprecio del peligro. En su tercera misión fue alcanzado por fuego antiaéreo y se encontró volando con un ala de menos. Sin embargo, continuó volando como si tal cosa. Al día siguiente, de nuevo en misión de reconocimiento, volvió a ser alcanzado, pero a pesar de los daños en el motor consiguió maniobrar el avión para que el oficial observador pudiera fotografiar a placer el objetivo y volver a casa sanos y salvos. Se contaron no menos de ocho impactos en el avión. No serían los únicos vuelos en los que el avión llegara agujereado. Fue condecorado con la Cruz de Guerra.

El 19 de Julio de 1915, en el frente del Aisne, volando con su artillero Guerder, logrará anotarse su primera victoria. Tras intentar en vano con su artillero cazar a un alemán más rápido que ellos sobre Coeuvres, dos millas más allá avistaron un Aviatik al que atacaron. Tras diez minutos de frustrante combate en las proximidades de Soissons y 115 disparos efectuados, combate en el que la ametralladora Hotchkiss del artillero, que había sido herido en una mano, no paró de encasquillarse, Guynemer vio al piloto enemigo desplomarse alcanzado mientras que el observador del avión condenado alzaba los brazos en un signo de desesperación. Instantes después el Aviatik cayó envuelto en llamas. Esta victoria les valió a ambos tripulantes la Medalla Militar, que le fue concedida a Guynemer el 21 de Julio de 1915, concesión recogida en la Orden1161 D. El día anterior había sido ascendido a sargento. Sin embargo, Guynemer no conseguiría su segunda victoria hasta casi seis meses después.

Sobre su guerrera podemos ver, desde el centro del pecho hacia el brazo, la Legión de Honor, la Medalla Militar y la Cruz de Guerra 1914-1918 con varias palmas.  www.ecole-air.fr
Sobre su guerrera podemos ver, desde el centro del pecho hacia el brazo, la Legión de Honor, la Medalla Militar y la Cruz de Guerra 1914-1918 con varias palmas.
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VOLANDO HACIA LA GLORIA

El 5 de Diciembre de 1915 la escuadrilla cambió de monturas y por lo tanto de designación, convirtiéndose en la escuadrilla N3. Ahora volarían los Nieuport 11 Bébé, capaz de alcanzar una velocidad de 97 mph y con una ametralladora sobre el plano superior para que así su fuego pudiese evitar el disco de la hélice.

A sus peligrosas misiones de caza, reconocimiento y corrección de fuego de la artillería añadió otras aún más arriesgadas, si cabe, y denominadas por ello “misiones especiales”, que consistían en reconocimientos en profundidad, muy por detrás de las líneas enemigas y en ocasionales aterrizajes en territorio enemigo para desembarcar o recoger espías. La Orden del Ejército 2209 D en la que es felicitado hará mención expresa de tales misiones. Sin embargo, este tipo de servicios no son de los colman los anhelos de un cazador nato. El 8 de Diciembre, con su flamante Nieuport, iba a anotarse su tanto tiempo esperada segunda victoria.

Aquel día, en un combate sobre Compiègne contra una pareja de aviones alemanes, abrió fuego a 50 metros sobre uno de ellos. Acercándose aún más disparó de nuevo a 15 metros y el germano entró en barrena. Acto seguido se arrojó contra el otro, que sin embargo logró escapar. Pero en la confusión del combate perdió de vista a su primera víctima, que no logró volver a localizar. Furioso porque no podría confirmar su victoria si el avión derribado no aparecía, telefoneó a su padre desde el aeródromo. Tras decirle que había perdido a “su boche” cerca de Bois Carré, le pidió que localizara los restos por él. El padre lo consiguió y la victoria fue debidamente acreditada.

En las siguientes dos semanas se anotaría dos victorias más: uno de ellos un Fokker monoplaza. El 24 de Diciembre, su cumpleaños, recibiría del presidente de la República, Poincaré, el mejor regalo que imaginarse pueda: la más importante condecoración francesa, la popularmente denominada belle rouge por el color de su cinta. Guynemer fue nombrado Caballero de la Orden de la Legión de Honor.

El 3 de Febrero de 1916, con su quinta victoria ya es un as, y el 4 de Marzo, ya con ocho victorias anotadas, se convierte en Oficial al ser ascendido a alférez (“sous-lieutenant”). Para entonces ha depurado su técnica de vuelo. Se lanza siempre contra el enemigo de forma directa buscando su ángulo muerto para después abrir fuego prácticamente a quemarropa. Las florituras acrobáticas serán empleadas sólo como el último recurso. Revisa su avión personalmente antes de cada vuelo hasta el último detalle. Ahora vuela un Nieuport 17, con motor rotativo Le Rhône de 120 HP y una ametralladora sincronizada con la hélice para poder disparar a través del disco de ésta.

Fotografía tomada por Guynemer a 15 m. de distancia; un Albatros D.III a punto de ser derribado.  www.earlyaeroplanes.com
Fotografía tomada por Guynemer a 15 m. de distancia; un Albatros D.III a punto de ser derribado.
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El 12 de Marzo todas las escuadrillas de caza se subordinan al comandante Rose y son arrojadas a la batalla de Verdún para disputar a los germanos el dominio del aire. El día 13 está a punto de morir. En combate contra dos biplazas derriba a uno, pero su potente motor le juega una mala pasada y no puede evitar sobrepasar a su otro enemigo, que aprovecha encantado su ocasión. Alcanzado por dos proyectiles en el brazo izquierdo y otro en la cara y obligado a pilotar con una sola mano cae más de 1000 pies y consigue recuperar el avión justo antes de estrellarse. Tras una dura toma en la que destrozó el avión, será hospitalizado y estará fuera de combate los tres meses siguientes.

Vuelve al combate en Junio, esta vez sobre el Somme, frente en el que permanecerá hasta Febrero de 1917. Para Septiembre de 1916 presentaba un palmarés de 18 victorias.

En Octubre, el imparable avance tecnológico impone un nuevo cambio de montura: el SPAD S.VII con motor Hispano-Suiza de 150 HP y radiador frontal, con unas líneas aerodinámicas más depuradas, que le permitían alcanzar 122 mph y trepar a 3000 metros en 15 minutos, y con una ametralladora sincronizada con la hélice. Con este avión las “cigüeñas” iban a conseguir su segunda citación de escuadrilla. Al acabar 1916 la cuenta personal de Guynemer se elevaba a 25 y el 31 de Diciembre es ascendido a teniente. Su jefe de escuadrilla, el capitán Brocard, lo ensalzará como “su Cigüeña más brillante”.

El 8 de Febrero de 1917 consigue una difícil y meritoria victoria abatiendo a un bombardero pesado Gotha. Era el primer aviador aliado que conseguía derribar uno de estos grandes pájaros. El 18 de Febrero asciende a capitán y se convertirá en jefe de su escuadrilla, la ya legendaria “Cygognes”. El 16 de Marzo derriba tres aviones enemigos: los dos primeros por la mañana. El tercero por la tarde, en una exhibición de pericia ante dos compañeros donde demuestra cómo se abate a un aeroplano enemigo ¡con sólo diez proyectiles! El piloto alemán, leutnant (alférez) von Hausen, resultó ser sobrino de un General.

El bombardero bimotor Gotha G.III derribado por Guynemer, que consiguió casi 200 impactos sobre el germano.  www.earlyaeroplanes.com
El bombardero bimotor Gotha G.III derribado por Guynemer, que consiguió casi 200 impactos sobre el germano.
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El 25 de Mayo se superó a sí mismo, abatiendo cuatro aviones en un solo día ¡dos de ellas en un minuto! Al acabar el mes atesoraba 43 victorias.

Pero Guynemer es algo más que un bizarro guerrero. Hará valer su influencia para conseguir mejoras en el diseño de los aviones de caza. En Diciembre de 1916 se dirigirá al ingeniero jefe de la casa SPAD para quejarse del motor de 150 HP, que juzga insuficiente para enfrentarse con los mejores cazas alemanes. Siguiendo los consejos de Guynemer, pronto se remotorizarán con nuevos motores de 180 HP. Los nuevos modelos, el SPAD XII y el SPAD XIII, montarán motores de 200 y 220 HP respectivamente, este último con sobrecompresor. Sin embargo, estos nuevos motores en sus primeras series darían algunos problemas con los piñones de los engranajes reductores entre hélice y motor.

En Julio, tras cambiar nuevamente de avión pasando al SPAD XII, introduce una modificación revolucionaria para la época, en el que llamaba “su avión mágico”. Un cañón de 37 mm, nada menos, que disparaba por el cubo de la hélice, además de una ametralladora Vickers .303. Semejante arma, sin embargo, presentaba numerosos problemas. Disparaba tiro a tiro obligando a recargar en vuelo, tenía un gran retroceso y llenaba la cabina de humo, lo que llevó a desestimar esta configuración, que no volvería a verse hasta el Bell Airacobra de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo se anotó con este cañón antes de acabar el mes sus victorias 49 y 50. El 11 de Junio había sido nombrado Oficial de la Legión de Honor.

Guynemer ayudando a reparar la bomba de agua averiada en el motor de su último avión, el SPAD matrícula S.504, tras aterrizar en Les Moeres el 10 de Septiembre de 1917. www.earlyaeroplanes.com
Guynemer ayudando a reparar la bomba de agua averiada en el motor de su último avión, el SPAD matrícula S.504, tras aterrizar en Les Moeres el 10 de Septiembre de 1917.
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EL TRÁGICO FINAL

En Agosto alcanzaría las 53 victorias confirmadas, cifra que cerraría su palmarés. A pesar de todos sus éxitos no se encuentra bien. La tuberculosis sumada a la fatiga de combate, numerosas averías en los aviones que volaba y bastantes días de mal tiempo que no permiten los vuelos afectan su moral.

Y así llegó el fatídico mes de Septiembre. El 11 de Septiembre esperaba una visita de dos comandantes del Cuartel General: du Peuty y Brocard, su antiguo jefe de escuadrilla. Antes de su llegada despega a las 8.30 h. con el teniente Jean Bozon-Verduraz en su SPAD XIII nº 2S.504 en misión de reconocimiento sobre el Langemark. A las 9:25 cerca de Poelkapelle, cuatro o cinco millas tras las líneas y a 1500 pies avistan un avión de observación alemán Rumpler que vuela aparentemente en solitario. Guynemer se prepara para abatirlo pero el alemán elude el combate con una espiral descendente. Entonces el teniente avista cuatro cazas alemanes tras Guynemer y se lanza contra ellos dispersándolos. Cuando vira para reunirse con su capitán sólo encuentra el cielo vacío. Ni rastro de Guynemer. Aguanta en la zona todo el tiempo que puede escudriñando cada rincón sin resultado, y al volver al aeródromo comprueba desolado que no ha regresado. Guynemer desapareció para siempre sin dejar el menor rastro. Ni su cuerpo, ni su avión aparecerían jamás.

El SPAD matrícula S.254 con el que Guynemer abatió 19 aviones enemigos, expuesto en Los Inválidos, en París. www.earlyaeroplanes.com
El SPAD matrícula S.254 con el que Guynemer abatió 19 aviones enemigos, expuesto en Los Inválidos, en París.
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LA ESPADA ALADA DE FRANCIA

Hasta aquí los hechos. Multitud de leyendas y de informes basados en pruebas circunstanciales y rumores que no tenemos espacio para recoger aquí tratarían de explicar las circunstancias de su muerte. Fue llorado por toda Francia y honrado a lo largo y ancho del país. Tan popular como una estrella de cine había sido seguido por las calles, requerido para firmar autógrafos… o para contraer matrimonio. Su muerte causó una gran consternación. De entre todos aquellos homenajes quisiera recoger uno que alcanzó gran celebridad; el artículo de L’Illustration, del 6 de Octubre de 1917; he aquí un pequeño extracto: “No se vio ni oyó cuando cayó, su cuerpo y su máquina nunca aparecieron ¿A dónde fue? ¿Con qué alas ascendió a la inmortalidad? Nadie lo sabe, nada se sabe. El ascendió y nunca volvió, eso es todo. Quizá nuestros descendientes dirán: él voló tan alto que no pudo bajar nunca más”. Esta última frase hizo fortuna y con ella explicaron la desaparición del héroe a los niños en todos los colegios de Francia.

El SPAD matrícula S.254 en el Museo del Aire y del Espacio de Le Bourget, en la actualidad. www.earlyaeroplanes.com
El SPAD matrícula S.254 en el Museo del Aire y del Espacio de Le Bourget, en la actualidad.
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El capitán Guynemer, caído en el campo del honor, cerraba así una hoja de servicios de brillantez inigualable: más de 600 misiones de combate, 53 victorias aéreas confirmadas, 4 de ellas compartidas, 35 victorias probables, y él mismo siete veces derribado. Condecorado numerosísimas veces por Francia y sus aliados, citaremos sólo su condición de Oficial de la Legión de Honor, la Medaille Militaire y la Cruz de Guerra con ¡23 palmas!, significando cada palma la concesión de la Cruz por orden de un General en Jefe de Ejército.

A la vista de semejante historial militar, bien podríamos decir que dejó en muy buen lugar a aquel capitán Thierry que, como vimos, se buscó problemas muy serios con la justicia militar para que un joven enfermizo, al que ningún servicio armado quería, pudiera cumplir con su sueño de servir a su Patria en el aire. Y el propio Guynemer demostró con sus hechos su fidelidad hasta el final a su lema personal: “Cuando no se ha dado todo, no se ha dado nada”.

Volando en el SPAD de matrícula S.113.  www.earlyaeroplanes.com
Volando en el SPAD de matrícula S.113.
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Acerca de Silvio Fernández Panadero

Silvio Fernández Panadero
Silvio Fernández Panadero fue soldado voluntario del Ejército del Aire. En la actualidad es Alférez (RV) del Ejército de Tierra en el Regimiento de Infantería Inmemorial del Rey Nº 1, Piloto PPL (A) y estudioso de la historia militar.

Un comentario

  1. Javier Sánchez-Horneros Pérez
    Javier Sánchez-Horneros

    Enorme el artículo Silvio. Enorme. Me ha servido para recordar mi historia personal, que comparto con todos los amigos de Hispaviación, por si puede ser de ayuda.

    La primera vez que oí hablar de Georges Guynemer fue en una revista ahora desaparecida, «Fuerza Aérea», no recuerdo si número 5 o número 6 del año 1999/2000. Ya me habían desestimado para el Ejército del Aire, dado que tenía 0,25 de miopía en el ojo izquierdo, argumentando que podía ir a más (cosa que no ha sido así) y que en esa época, debías tener visión perfecta para optar a las 32 plazas que habían para más de 3000 aspirantes. Por ello, siempre soñé encontrarme con alguien como el capitán Thierry, que viera las ganas, ilusión y amor por la aviación que aún hoy, sigo teniendo y me permitiese ir a San Javier. Y lo ví, pero 10 años después, en las personas de César Martín Porta (capitán del EA y comandante de Iberia) y de Ángel Negrón (coronel del EA, piloto de caza y ataque) que me arroparon en mis ilusiones y frustraciones animándome a la publicación de un libro sobre misiles, muy descriptivo, por parte del Ministerio de Defensa. Desde luego, no es lo mismo que convertirse en piloto militar, pero también es verdad que no me debo quejar, pues mi insistencia en el tema, ha dado sus frutos desde cierto punto de vista. Así que supongo que de alguna forma, yo también encontré a mi capitán Thierry.

    Enhorabuena por tu trabajo Silvio, pues con el mismo, en mi caso, me has permitido dos cosas: la primera es que he regresado a mi pasado y he vuelto a descubrir la historia vital de un modelo de superación que dejaba de lado sus miedos e inseguridades personales en pos de su sueño. La segunda, recordar a César y a Ángel, que ya no están entre nosotros, y que me recordaron con su forma de ser que nunca que sabe quien te puede ayudar a cumplir un sueño que si bien no es exactamente el que deseabas, es sin duda más de lo que nunca podías imaginar.

    Un fuerte abrazo.

    Javi