La carrera por la “quinta generación”

Por: Gabriel Cortina

La fecha 2030 es altamente significativa para numerosas fuerzas aéreas, especialmente europeas, entre las que se encuentra la española. No se trata de una fecha aleatoria sino el indicativo de un horizonte tecnológico. Numerosas plataformas actualmente en uso tienen ya fecha de caducidad por su ciclo de vida, como es el caso del avión de ataque a tierra con capacidad de despegue y aterrizaje vertical y/o corto (AV-8B Harrier II), el caza polivalente bimotor de cuarta generación (F-18) o el avión de combate bimotor con ala de geometría variable (Panavia Tornado), por citar algunos ejemplos, cuyo origen estaban en la década de los setenta. Modelos que se diseñaron hace tres o cuatro décadas siguen hoy operativos y urge pensar en los próximos años.

 

quinta gneracion
El poder aeroespacial busca dos capacidades: la furtividad y la fusión de datos

 

La industria aeronáutica, especialmente la militar, por sus particulares características, sólo se comprende con una perspectiva de largo plazo y con un presupuesto sostenido, abierto a prototipos e incrementos de gastos. Por esa razón, únicamente son capaces de abordar estos proyectos las grandes corporaciones de empresas con un fuerte componente de colaboración público-privada. Las plataformas que hoy están operativas han sido posibles, en definitiva, por contar con una sólida voluntad política. El caso del Eurofighter Typhoon en el escenario europeo es un ejemplo exitoso. Con un sistema muy avanzado que supera la cuarta generación, su primer vuelo fue en 1994, hace 24 años, y en el 2030 habrá cumplido casi cuatro décadas de servicio. Los beneficios para el desarrollo de la industria aeronáutica han sido evidentes.

El reto hoy en día se llama quinta generación. A las puertas de la revolución tecnológica, la denominada 4.0, muchos paradigmas han cambiado o se han visto modificados de forma significativa. La tecnología más avanzada hace tiempo que dejó de ser patrimonio exclusivo de las Fuerzas Armadas. La prospectiva de conflictos y las características del poder aeroespacial buscan dos capacidades: la furtividad y la fusión de datos. El control del aire, en muchos casos es condición necesaria para el inicio del resto de operaciones, lo que implica estar en la vanguardia de la ventaja tecnológica, acompañada de las capacidades militares que requieren un tiempo de planificación y generación. El término generacional es un concepto discutido de la aeronáutica militar, porque no existe consenso entre los expertos sobre la ventaja o ventajas que deberían reunir. Además, el armamento evoluciona por saltos y es tan importante el radar como los misiles. Tenemos que ir olvidándonos de los combates aéreos como los vemos en las películas o documentales, con enfrentamientos entre aviones a cielo abierto. Hoy los pilotos no se ven, los “ojos” son el radar y los misiles se lanzan a una distancia de 150 kilómetros.

F-35 de la Marina Italiana
F-35 de la Marina Italiana

 

Solo cuenta con quinta generación quien ha decidido ejercer influencia global. Las principales potencias ya están inmersas es sus respectivos proyectos: Estados Unidos, con el F-35 Lightning de Lockheed Martin, en su triple versión (A, B y C); Rusia con el Sukhoi Su-57 (T-50), desarrollada por la compañía Sukhoi; y China con el J-20 de Chengdu Aircraft Industry Corporation. Recientemente, dos compañías europeas, Airbus y Dassault Aviation, firmaron un compromiso de diseño y fabricación del proyecto denominado Sistema de Combate Aéreo del Futuro (FCAS). Un detalle de perspectiva que ayuda a comprender la dimensión tiempo/capacidades: a día de hoy, cuando se llevan entregados 305 unidades del F-35, cuando cuenta con más de 145.000 horas de vuelo, 650 pilotos y clientes en Australia, Israel, Italia y Japón, la opción europea comienza a plantear una alternativa en busca de su autonomía estratégica, que necesariamente tendría que dar respuesta a los requerimientos de las fuerzas aéreas y de las armadas. ¿Cuándo podrá estar operativo? Europa no es un actor estratégico pero cuenta con una importante industria aeroespacial y con un mercado activo en busca nuevas oportunidades.

Quinta generación implica incorporación. Se trata de añadir campos nuevos de actuación, no de sustituir unos por otros. ¿Cuál es la ventaja competitiva? Como afirman los responsables de nuestro Ejército del Aire, las capacidades que aportan estos sistemas de armas se expresan en ser “multiplicadores de fuerza”, es decir, la fuerza conjunta (Tierra, Mar, Aire). Junto a la furtividad (stealth) que permite evadir radares y sistemas de detección, se aporta la capacidad de recopilar, procesar y difundir información en tiempo casi real sobre el espacio de batalla mediante sus sistemas de fusión de sensores, un escenario operativo que no tiene precedentes.

Por último, incorporar quinta generación implicará modificar los conceptos operativos actuales para permitir hacer uso de la información de que se dispone, por ejemplo en la selección de objetivos (targeting). La fusión de datos significa multiplicar la información en distribución y procesado al resto de la red y afectará al sistema de mando y control. A todo esto hay que sumar las ventajas de la compatibilidad con otros sistemas y el salto que supondrá en lo referente a mantenimiento, formación y adiestramiento. Todo esto significa política, es decir, un presupuesto sostenido y una elevada inversión inicial. Quedan doce años para la fecha indicada al inicio de este análisis. Quinta generación solo es posible si el decisor cuenta, en definitiva, con voluntad de llevar a término sus ambiciones estratégicas.

Acerca de Gabriel Cortina

Gabriel Cortina
Consultor de empresas. Diplomado en Altos Estudios de la Defensa Nacional por el CESEDEN