Por: Redacción Hispaviación

El paso dado por Aena representa un cambio de paradigma normativo en la gestión de la infraestructura aeroportuaria en España.
Pasar de una medición lineal basada en la capacidad del campo de vuelo (pistas) a una medición volumétrica y dinámica basada en la capacidad física y operativa de las terminales demuestra que el cuello de botella actual del sistema no está en el aire, sino en tierra.
Desde una perspectiva industrial, este movimiento anticipa la transición hacia el DORA 3 (2027-2031). Aena busca proteger la experiencia del usuario y la eficiencia de los procesos de handling, seguridad y aduanas antes de que se consoliden las grandes inversiones en infraestructuras de ampliación. Para las aerolíneas, especialmente las de modelo hub-and-spoke que dependen de ventanas de conexión muy estrictas, esta medida obligará a un encaje de bolillos estratégico: crecer significará flexibilizar programaciones hacia horas valle o arriesgarse a la congelación de su expansión en los dos principales motores económicos aéreos del país.
En definitiva, es un ejercicio de microgestión aeroportuaria necesario para evitar la saturación de los terminales antes de la llegada del nuevo capital inversor.
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