La cultura de Defensa debe difundirse con generosidad y responsablemente, sin eufemismos ni distorsiones. (Parte-2/2)

16-12-2025 Por: Lidia Están

Entrevistamos a Alberto Calvo, piloto de F-18 y oficial del Ejército del Aire y del Espacio, que ha recorrido un camino singular dentro de las Fuerzas Armadas españolas: desde sus inicios en la Academia General del Aire hasta convertirse en Aide-de Camp de Su Majestad el Rey.

[Continuación de la Parte 1]
defensa
Alberto B. Calvo López, Jefe del Grupo de Fuerzas Aéreas del Ala 12, en la exhibición aérea de la Fundación Infante de Orleans. – Foto: Lidia Están.

¿y qué es lo más bonito de ser piloto de caza y oficial del Ejército del Aire?

Esa es fácil y a la vez difícil de responder.

Para mí, ser oficial del Ejército del Aire y del Espacio significa formar parte de un gran equipo de personas con un valor humano y profesional enorme. No en vano, somos servidores públicos con derechos constitucionales restringidos, con juramento de dar nuestra vida por España, lo cual implica cumplir con la misión independientemente del riesgo asociado a la misma. Te entrenas a diario para interiorizar y normalizar una realidad que resulta incomprensible para quienes no conocen a fondo la profesión militar. Cuando un piloto recibe la orden de efectuar una misión de riesgo muy alto, sabe que la probabilidad de no volver con vida de ese vuelo podría llegar a ser de siete veces sobre diez.

Perdón, perdón… ¿siete veces de cada diez…?


A.C.: – Sí, hay misiones con una atrición estimada y aceptada superior al 50%. Son de esas en que el objetivo a batir puede ser de una importancia tan elevada para el posterior desarrollo de la campaña, que se acepta un número significativo de bajas de los medios materiales y humanos. Y puede que tu misión asignada sea una de ellas. Tal es el peligro que tienes que asumir.

Esto no significa que la misión sea una locura o un suicidio per se. Todo está analizado, tasado y valorado. No se trata de ninguna irresponsabilidad por parte de quien define los objetivos y riesgos de la misión. Y uno debe tener dos cosas muy claras aquí: la primera, que esto no es negociable. La segunda, que de eso iba el juramento a la Bandera y lo de dar tu vida por España. Cuando aceptas dedicarte a esto, aceptas multitud de aspectos que no son aparentemente aceptables, y lo haces porque crees en ello, porque para ti tiene un sentido que excede a tu propia persona. Esto es para mí lo más importante de mi profesión. Lo trascendental de nuestra misión como militares. Una profesión vocacional que te enseña a aceptar este enorme sacrificio con serenidad y entrega porque sabes que es el camino correcto.

Por otro lado, ser aviador, y en particular, piloto de caza y ataque, representa para mí el máximo nivel de entrega dentro de esta particular profesión. Estar a los mandos de un F18 liderando un grupo de aviones, en pleno reabastecimiento en vuelo nocturno, justo antes de cruzar las líneas enemigas en un teatro de operaciones, es algo indescriptible. Lo que más feliz me hace es vivir con la íntima certeza de saber que este es mi lugar en este mundo. Y que, de esa manera, puedo servir a mi país, a esos más de 45 millones de españoles, y a muchos más ciudadanos de países de la OTAN, aportando mi destreza y mis capacidades a los mandos de un caza. Y por ello, intento cada día que el resto de aspectos de mi vida se alineen con este propósito vital, tomando los valores que ya he evocado como mi particular rosa de los vientos. Así es como espero cumplir con la misión cuidando de mi equipo.

¿Cómo ha sido tu 2025 en materia de misiones o Ejercicios?

Este año no estaba previsto que el Ala 12 desplegara a ningún teatro de operaciones, como viene haciendo desde hace ya unos años en el contexto de dar apoyo de Policía Aérea a los países del Báltico. En 2026, si todo sigue como programado, sí que desplegaré con mi gente en Rumanía durante cuatro meses, también en el contexto de seguir apoyando con medios aéreos el flanco este de la OTAN.

Respecto a ejercicios de gran entidad, este año sí que el Ala 12 ha participado con 80 aviadores y seis F18 en el Ejercicio Aéreo más importante de la OTAN: el Ramstein Flag 25

Se trata del ejercicio de entrenamiento aéreo avanzado más relevante del año. Y quienes nos dedicamos a este oficio —más vocación que profesión— sabemos que, si el tablero europeo llegase a arder, lo entrenado en el Mar del Norte a finales de marzo se convertiría en rutina. Claro que, entonces, el bando Red ya no sería un grupo de escuadrones aliados replicando capacidades enemigas, ni los Blue aceptaríamos alzar el vuelo sin estar armados hasta los dientes.

Participaron más de 90 aeronaves procedentes de 18 países de la Alianza Atlántica, que desplegaron en doce bases aéreas del continente europeo. Estuvieron presentes unidades de Bélgica, Canadá, Francia, Italia, Reino Unido, Estados Unidos y España, entre otros estados miembros.

Ramstein 25
Foto: Colección de Alberto Calvo

Uno de los ejes centrales del ejercicio giró en torno a la integración de las aeronaves de cuarta y quinta generación. Nuestros F-18 compartieron cielo con sus homólogos finlandeses. También formaron equipo con los F-16 de Grecia, Turquía y Rumanía, los Gripen de Suecia y Hungría, los Typhoon de Reino Unido, Alemania e Italia, y los Rafale franceses. El despliegue lo coronaron los F-35 —holandeses, estadounidenses y daneses—, joya tecnológica de la quinta generación.

La base aérea de Leeuwarden, en los Países Bajos, acogió la mayoría de la aviación de caza, incluidos los F-35A neerlandeses, los Rafale franceses, los Gripen suecos y los Eurofighter alemanes. En Skrydstrup, Dinamarca, operaron los F-35A daneses junto a un Gulfstream E-550A italiano.Desde sus bases de origen, otros medios completaron el ejercicio: los Typhoons de la RAF desde Lossiemouth, los Voyagers desde Brize Norton, los KC-135 de la USAF en Mildenhall, los Airbus A330 MRTT de la Unidad Multinacional de Transporte de Cisternas desde Eindhoven, el E-3A de Alerta Temprana de la OTAN desde Geilenkirchen, el E-3F francés desde Avord y el KC-767A italiano desde Pratica di Mare. Una pasada de medios, vamos.

Foto: Colección de Alberto Calvo

La clave en todo esto está en entender que el Ramstein Flag no es un simple ejercicio. Se trata más bien de un mensaje muy claro y contundente, una declaración rotunda de intenciones que resuena más allá de nuestras fronteras.

¿Qué es, o ha sido, lo más sacrificado en tu carrera, tanto en lo personal como en lo profesional?

Los sacrificios son inherentes a la profesión. Vives permanentemente aceptando algún tipo de sacrificio. No sabría decirte cuál ha sido el mayor. Pero cada vez que he perdido a un compañero y amigo en acto de servicio, y al día siguiente he tenido que ponerme a los mandos de mi avión, ha sido un enorme sacrificio. Ya no es sólo un acto de valor, sino que es un sacrificio porque te obligas a dejar a un lado tu duelo y a apartar de tu cabeza toda idea incompatible con el vuelo, con responsabilidad, porque tu escuadrón, tu grupo, tu ala lo necesita. Sacrificios, múltiples: familiares, personales. Tanto los míos, como los suyos, por apoyarme en mi profesión y aceptar con resignación todas esas horas que no paso con ellos.

La paradoja reside en que cuanto mayor es el sacrificio, más fatigoso el cometido, o mayor el riesgo de tu acción, mayor es tu satisfacción por el deber cumplido.

¿Cómo podemos inculcar la cultura de Defensa en la población española, y poner en valor el sacrificio militar?

No sé si soy la persona idónea para dar tales consejos o referencias, pero sí te compartiré una reflexión muy personal. Yo creo que el ser humano necesita dotar su vida de sentido. No hay que ser un gran observador para darse cuenta de que demasiada gente vive inmersa en una búsqueda incesante de placeres y de satisfacciones inmediatas, seguramente víctimas de un marketing que sabe cómo sacar provecho de este vacío existencial. Mucha gente parece andar sin rumbo en un maremágnum de posibilidades que no llevan a ningún sitio. Creo que, aunque el día a día nos absorba, debemos ser capaces de pedir tiempo muerto en algún momento para ganar altura, para ver la vida con mayor perspectiva y buscar una razón que exceda de lo meramente trivial y cotidiano. Y no hablo únicamente de la religión, pues cada uno gestiona esa faceta como considere. Me refiero a vivir con sentido. Y desde este ángulo, puede decirse que la profesión militar, a través de sus valores y la forma que tiene de sincronizar propósitos personales y trascendentales, facilita mucho el camino. Al fin y al cabo, las Fuerzas Armadas no sólo se entrenan para estar listas y dispuestas para cualquier escenario complicado, sino que silenciosamente contribuye también a la paz mundial mediante la disuasión. Por supuesto, siempre que se necesita a los militares, apoyamos la acción del Estado en casos de catástrofes naturales, incendios, pandemias, como todo el mundo sabe.

La cultura de Defensa, como cualquier otro aspecto cultural de la sociedad, debe ser accesible a todos y debe difundirse con generosidad y responsablemente, tal y como es, sin eufemismos, ni distorsiones. El problema tal vez resida en que algo tan fundamental para un Estado, como es su propia seguridad y defensa, ha estado demasiado tiempo infravalorado, o peor aún, dado irresponsablemente por sentado. Las Fuerzas Armadas tienen su razón de ser y anclaje legal en el artículo 8 de la Constitución, además de todo el desarrollo normativo que sustenta tanto nuestras obligaciones nacionales, como nuestros compromisos con la OTAN y otros actores internacionales. Todos y cada uno de los integrantes de las Fuerzas Armadas, desde el último soldado hasta el primer general, pasando por el personal civil y reservista que trabaja codo con codo con nuestras mujeres y hombres de uniforme, tienen la obligación de contribuir a la cultura de Defensa. Cada interacción, cada conversación que invite a algún tipo de reflexión sobre el asunto, debe aprovecharse para compartir, con rigor e ilusión, el noble y fundamental papel que tienen nuestras Fuerzas Armadas para el bienestar de todos los españoles.

¿Quizás instaurando un servicio militar voluntario en España se promocionarían estos valores de compañerismo, de buscar el bien común?

Bueno, cuando se decidió suspender el servicio militar obligatorio en España, se optó por un modelo profesionalizado de las Fuerzas Armadas, en el sentido de que cada integrante desarrollara y consolidara unas capacidades y habilidades al servicio del Estado, con un compromiso de permanencia. No se puede pretender que las Fuerzas Armadas se erijan en una suerte de escuela de valores o centro de mentoring para que la gente que anda perdida en la vida empiece a orientarse. Es obvio que estamos para otros menesteres.

Foto: Colección de Alberto Calvo

Un servicio militar voluntario estaría, tal vez, más cerca de nuestro antiguo modelo que de la necesidad de consolidar capacidades que son difícilmente alcanzables con rotaciones temporales de voluntarios. En cualquier caso, hablamos de tiempo de paz. En tiempos de guerra la situación dictará las necesidades. Cierto es que, en la actualidad, con los tiempos que corren, se está haciendo un esfuerzo significativo por elevar progresivamente tanto la dotación de militares en plantilla, como el número de reservistas. Como declaró no hace mucho Mark Rutte, el secretario general de la OTAN: “No estamos en guerra. Pero tampoco estamos en paz”.

¿Qué iniciativas crees que acercarían más la realidad de las Fuerzas Armadas a la ciudadanía?

Dar ejemplo de profesionalidad, compromiso y entrega es la mejor manera de promocionar y acercar las Fuerzas Armadas a la gente. Hay infinidad de iniciativas posibles. Todo depende del nivel de implicación política en el asunto. Desde anuncios en radio y televisión, a intercambios e inmersiones en el ámbito castrense de estudiantes y profesionales, pasando por ponencias, exposiciones, jornadas de puertas abiertas, exhibiciones de capacidades, etc. La panoplia es muy amplia, y a los militares nos encanta que la sociedad conozca y comprenda el trabajo que hacemos. Esta entrevista, por ejemplo, es una magnífica iniciativa que se sumará a otras muchas.

¿La inteligencia artificial es una oportunidad o una amenaza para la aviación de combate?

Indudablemente la aviación española utiliza y utilizará la inteligencia artificial, lo cual plantea infinidad de retos, no sólo en el ámbito de la aviación de combate. Parece cada vez más evidente que en escenarios híbridos y multidominio, en los que la guerra discurrirá por multitud de campos de batalla (el aeroespacial, el naval, el ciber, el cognitivo, etc.), con actores de capacidades heterogéneas, el análisis de la información, la gestión de los procesos y el tiempo estará en manos de la inteligencia artificial. Nosotros, en el Ejército del Aire y del Espacio, confiamos en los expertos para optimizar procesos y reducir tiempos de respuesta. La pregunta reside en quién tomará las decisiones, tanto de nivel táctico como estratégico. Pues todo se encamina a que este proceso se vaya delegando cada vez menos en jefes militares, y cada vez más en algoritmos, robots y agentes autónomos alimentados por inteligencia artificial e impulsados por sistemas de computación cada vez más potentes. En el ámbito aeroespacial los retos serán de esta misma índole.

Foto: Colección de Alberto Calvo

¿Qué papel debería seguir teniendo el piloto humano en un entorno cada vez más automatizado?

Eminencias en el mundo de los desarrollos de inteligencia y superinteligencia artificial, como el Sr. Roman Yanpolskiy, cofundador de IA Safety, ya ha alertado de algunas cuestiones al respecto. Su tesis fundamental reside en que, si no se consiguen ciertos grados de consenso a nivel mundial para poner coto y límites a estos desarrollos, en la década de 2040 podríamos perder el control. Habríamos creado agentes de superinteligencia artificial capaces de actuar no sólo de forma autónoma, sino de manera incomprensible, impredecible e incontrolable por parte del ser humano. Quiero pensar que, en la cadena de decisión para derribar un objetivo en tierra, mar o aire, que a menudo implicará la pérdida de vidas humanas, seguirá habiendo un ser humano en dicha deliberación. Y aunque nos apoyemos en la IA, no habremos delegado a una máquina la componente ética de tales decisiones.

Sí, desde mi punto de vista la decisión última cuando hay vidas humanas en juego debería tomarla un humano, como ser sintiente, con consideraciones éticas por encima de la mera eficiencia.

Esa aproximación tiene todo el sentido, y yo la respaldo. Pero hay que tener en cuenta que el ser humano comete más errores que una inteligencia artificial bien programada y entrenada. Hay un debate profundo al respecto y mucho camino por recorrer, sin duda.

Cierto. ¿Y cómo imaginas el futuro del Ala 12 y de la aviación militar española en los próximos 20 años?

Veinte años son muchos años para hacer pronóstico…

Si, la velocidad a la que cambia todo es mucho más rápida. Esa pregunta pertenece al siglo XX

Bueno, pero me aventuro. Para entonces, el F18 ya no estará. Ya habrá cumplido con creces todo lo que se esperaba de él. En la flamante apron del Ala 12, en hora punta operativa, tendremos aeronaves de quinta generación y enjambres de drones que complementarían esa misión con muchas capacidades. Quiero pensar que el mundo será un lugar más pacífico, gracias en parte a que la sociedad será más consciente de que esa paz tiene un precio, que no se puede dar por sentada. Miro al ALA 12 con optimismo, con mucha ilusión. Creo que seguirá siendo una unidad de combate de referencia en España, mucho más preparada y con profesionales adaptados a los tiempos. Para entonces, mis hoy jóvenes tenientes de 25 años, ya serán tenientes coroneles como lo soy yo en la actualidad.  

¿Y qué opinas de la aviación autónoma? También como pasajero, ¿tomarías tranquilamente un avión sin piloto?

Ya existen aerotaxis; con mayor o menor grado de autonomía. Esto parece una realidad imparable. De hecho, si la guerra sigue siendo inevitable, mejor será siempre que el combate lo ejecuten máquinas en vez de seres humanos, y así perderemos menos compañeros. No obstante, la clave para mí sigue siendo la del proceso de decisión y la ética de ciertas decisiones, en la medida en que hay aspectos que nunca deberían ser delegados a sistemas autónomos, sea en aviación o en cualquier otro contexto.

¿Qué significa servir como aide-de-camp del Rey y cómo se equilibra la responsabilidad operativa con la institucional?

El puesto de Ayudante de Campo de SM el Rey es un destino muy singular. Ni se oferta, ni puedes postularte, ni sale publicado en boletines oficiales hasta que te designa el Monarca. Lo cierto es que se busca un perfil muy determinado: primeros espadas de las promociones, con buen nivel de idiomas, prestigio, discreción, diplomado en estado mayor, etc. Así que un día te llaman para formar parte voluntaria de una terna de selección (no tuve ninguna duda, creo que un tren de ese tipo sólo pasa una vez en la vida) y en última instancia es el Jefe del Estado quien decide designarte para tal honor. Yo tuve esa inmensa suerte.

Mientras sirves al Rey desde un puesto tan cercano, tu vida operativa queda necesariamente congelada. Sigues siendo un piloto de caza, pero dejas de volar los años en que te integras en el gran equipo de la Casa de SM. Y aunque sabes que volverás a mandar o a pilotar en un futuro, los cometidos de este puesto necesitan de toda tu dedicación. Desde preparar documentos de estudio, asesorar en cualquier actividad, hasta un rol de secretaría puro como enlace directo para la Familia Real. Para mí, servir a las órdenes de Felipe VI, ha sido el mayor orgullo de toda mi carrera hasta el momento. Desde la confianza que deposita en ti el Rey para muchos asuntos de máxima importancia y privacidad, hasta el trato humano y ejemplar de Su Majestad. Todo forma parte de una experiencia vital que atesoro con mucho cariño y que guardaré siempre en lo más hondo de mi ser.

¿Qué mensaje transmitirías a los jóvenes que sueñan con ser pilotos de caza?

Me gustaría transmitirles un mensaje tanto de esperanza, como de ilusión. Esperanza, porque en este mundo de apariencias, injusticias y sinsentidos, tendrán entre sus manos un futuro apasionante, con un propósito muy tangible y un noble ideal, que les permitirá desarrollarse íntegramente como personas.

Estadísticamente, únicamente un reducido número de jóvenes reunirá las cualidades fisiológicas e intelectuales compatibles con volar un avión de caza. Sólo este pequeño detalle ya te mete de cabeza en un selecto club de personas muy especiales, a los que el Estado confiará un sistema de armas de muchos millones de euros. No hay que olvidarlo.

Alberto Calvo con Lidia Están – Foto Shery Shalchian

Además, para mayor justicia y probabilidad de optimizar la selección, ni tus antecedentes familiares, ni la posición socioeconómica de tus padres, ni tu lugar de procedencia jugarán ningún papel significativo a la hora de ser seleccionado y admitido en la Academia General del Aire. Sólo entrarán los mejores.

Respecto a la ilusión, les diría que la profesión militar, aún llena de sacrificios, está repleta de posibilidades de crecimiento y realización personal. Hoy más que nunca, el ser humano necesita dotar su vida de sentido, encontrar una razón que confirme el significado de su propia existencia. La vocación de servicio público implícita en la carrera militar, vivir una vida plena en base a unos valores que te sostienen con firmeza en los vaivenes del día a día, y navegar con un rumbo claro constituyen, para mí, la estructura necesaria para ser feliz. Un piloto de caza español, más allá de si vuela aeronaves de cuarta, quinta o sexta generación, o si lo hace remotamente desde una consola, es ante todo un oficial del Ejército del Aire y del Espacio. Es un compendio de valores, capacidades, cultura y tradición. Es un líder capaz de motivar e inspirar, y a la altura de los más altos cometidos que le asignen.

Les diría que, si quieren ser un piloto de caza, se olviden de ser uno más del rebaño, de seguir la corriente y vivir a medio gas. Deberán aspirar a ser el mejor, a ir siempre a por todas, sin atajos y sin guardarte nada. Y una vez lo consigan, ya vivirán y existirán como un piloto de caza para el resto de sus vidas. De esto va este sueño.

La carrera de Alberto B. Calvo López, que incluye estudios de Derecho, refleja la evolución de la aviación militar española: de la formación clásica en San Javier a la interoperabilidad OTAN, de la misión táctica a la visión estratégica, y del servicio operativo al institucional. Su testimonio ofrece una ventana privilegiada a la vida de quienes, desde la cabina de un F-18 o desde el Palacio de la Zarzuela, encarnan el compromiso con la defensa y la representación de España.

Acerca de Lidia María Están Arias

Lidia María Están Arias
Lidia María Están Arias, Madrid 1976. Periodista, traductora y profesora de inglés OTAN para MIL-COM, apasionada de la aviación.