15-03-2026
La reentrada de la nave, que ha tenido lugar sobre el Océano Pacífico, se ha adelantado diez años debido a la intensa actividad del actual ciclo solar.

La Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) ha confirmado el reingreso en la atmósfera terrestre de la sonda Van Allen Probe A. El evento se produjo el pasado miércoles 11 de marzo a las 11:37 CET (6:37 EDT), poniendo fin a una trayectoria de casi 14 años desde su lanzamiento en 2012. La nave, diseñada originalmente para una misión de solo dos años, superó con creces todas las expectativas científicas.
Un final anticipado por el máximo solar
Aunque tras el cese de operaciones en 2019 se estimaba que la sonda no regresaría a la Tierra hasta 2034, el clima espacial ha alterado los planes. El actual ciclo solar ha resultado ser mucho más activo de lo previsto, alcanzando su máximo solar en 2024. Este incremento de la actividad ha aumentado la resistencia atmosférica (o drag) sobre el satélite, acelerando su caída.
La Fuerza Espacial de los EE. UU. confirmó que el reingreso se produjo sobre la región oriental del Océano Pacífico. Aunque se esperaba que la mayor parte del chasis se consumiera por la fricción, algunos componentes de alta densidad podrían haber sobrevivido al impacto.
El legado científico de los cinturones de radiación
Las sondas Van Allen (A y B) fueron instrumentos pioneros diseñados para operar en una de las zonas más hostiles del entorno terrestre: los cinturones de Van Allen. Estas regiones son anillos de partículas cargadas atrapadas por el campo magnético de la Tierra que actúan como un escudo contra la radiación cósmica y el viento solar, pero que suponen un riesgo crítico para los satélites y los astronautas.
Entre sus hitos más destacados se encuentran:
- El descubrimiento de un tercer cinturón: La misión reveló la existencia de un tercer cinturón de radiación transitorio que se forma durante periodos de actividad solar extrema.
- Resistencia tecnológica: Fue la primera misión construida específicamente para resistir y recopilar datos dentro de estas zonas de alta radiación durante años.
- Predicción del clima espacial: Los datos archivados siguen siendo vitales para proteger infraestructuras críticas en la Tierra, como redes eléctricas, sistemas de navegación GPS y satélites de comunicaciones.
El futuro de la misión
La misión fue gestionada por el Laboratorio de Física Aplicada (APL) de la Universidad Johns Hopkins. Mientras que la sonda A ya ha completado su ciclo, su gemela, la Van Allen Probe B, continúa en órbita y no se espera que realice su reentrada atmosférica antes del año 2030.
Los científicos subrayan que, aunque la fase operativa terminó en 2019 por falta de combustible, el análisis de los datos obtenidos sigue transformando nuestra comprensión de cómo el Sol interactúa con nuestro planeta.