05-05-2026
La USAF reforzara la modernización y sostenimiento de sus flotas de B-1B y B-2 tras un cambio estratégico derivado de las recientes lecciones operativas en Oriente Medio.

La Fuerza Aérea de los Estados Unidos ha anunciado una inversión de aproximadamente 1.700 millones de dólares (unos 1.450 millones de euros) destinada a prolongar la vida útil de sus bombarderos estratégicos durante el próximo lustro. Esta decisión modifica los planes previos de la United States Air Force (USAF), que contemplaban el inicio de la fase de baja de estas aeronaves antes de la consolidación del programa B-21 Raider.
La reciente Operación Epic Fury, dirigida contra objetivos en Irán, ha sido el catalizador de este cambio de postura. Durante las incursiones, tanto el B-1B Lancer como el B-2 Spirit demostraron una eficacia táctica superior en misiones de ataque profundo y destrucción de infraestructuras críticas. Este rendimiento, sumado al incremento del presupuesto de defensa bajo la administración Trump, ha consolidado la necesidad de mantener estas capacidades operativas para evitar una brecha en la capacidad de bombardeo estratégico de largo alcance.
El B-1B Lancer: Garantía de letalidad convencional hasta 2037
Dentro de las partidas presupuestarias proyectadas entre 2027 y 2031, la USAF destinará 342 millones de dólares a la modernización de su flota de 44 unidades de B-1B. Según los documentos del Pentágono, esta financiación es vital para «garantizar su letalidad y relevancia hasta 2037». Aunque el Lancer fue despojado de sus capacidades nucleares hace años, su rol como plataforma supersónica de gran capacidad de carga convencional sigue siendo una pieza clave en la proyección de fuerza global.
El B-2 Spirit y el factor MOP
Por otro lado, la flota de 19 unidades de B-2 Spirit recibirá una inyección de 1.350 millones de dólares. A pesar de ser una flota reducida, su capacidad stealth y su habilitación nuclear lo convierten en un activo insustituible. Un factor determinante para esta inversión ha sido la capacidad exclusiva del B-2 para portar y lanzar las bombas inteligentes de penetración masiva GBU-57A/B Massive Ordnance Penetrator (MOP) de 13.600 kg.
El Air Force Global Strike Command (AFGSC) ha confirmado que los B-2 seguirán operando desde la Base Aérea Whiteman, en Misuri, incluso después de la entrada en servicio del Raider. Se espera que los primeros B-21 operativos se desplieguen en la Base Aérea Ellsworth en 2027, manteniendo una estructura de mando y entrenamiento dual durante la transición tecnológica.
