Fundación Infante de Orleans, 25 años compartiendo una pasión sin fronteras por el vuelo histórico

Decía el ilustre escritor escocés George Bernard Shaw que la juventud es una enfermedad que se cura con los años y si es así, los aviones de la Fundación Infante de Orleans (FIO) están más que vacunados de juventud. Son casi 90 años, la edad de la aeronave más antigua en vuelo, el De Havilland DH-60 Moth, y al igual que este biplano, sus 42 aviones históricos gozan de una envidiable salud.
Como sus aviones, la FIO también va cumpliendo años. Parece mentira pero, ya han pasado 25 desde que la Fundación Infante de Orleans echara a volar. Carlos Valle, uno de sus fundadores y actual presidente, nos ha recibido en el aeropuerto de Cuatro Vientos, sede de la FIO, para hacer balance de estos apasionantes y apasionados 25 años dedicados a recuperar parte del patrimonio aeronáutico. Además, nos ha hablado sobre sus planes de futuro.

FIO 25 aniversario

La historia de la aviación española toma altura en la Fundación Infante de Orleans que, sin pretenderlo, se ha convertido en uno de los museos más importantes de Europa en lo que a colección de aviones históricos en vuelo se refiere. Su origen se remonta a 1984, cuando un grupo de profesionales de la aviación creó la sección de Aviones Históricos del aeroclub José Luis Aresti. En 1989, constituyeron la Fundación Infante de Orleans con el objetivo de conseguir la más amplia colección de aviones protagonistas en la historia de la aviación española para hacerlos volar de nuevo.

En las antípodas de lo estático. “Después de tantos años y dinero invertidos, en la medida de nuestras posibilidades, hemos conseguido crear y consolidar un museo de historia viva de la aviación, sobre todo, de recuperación del patrimonio histórico de la aviación”, nos cuenta Carlos Valle. Viva porque a diferencia de un museo aeronáutico, los aviones, además de estar en la exposición estática, también vuelan. Hasta que la FIO no inició su andadura, los aficionados y profesionales que querían ver aviones históricos tenían que peregrinar fuera de nuestro país. La Fundación no sólo se dedica a exhibir su colección de 42 aviones, sino que mantiene “su flota” con un esfuerzo técnico y un conocimiento importantísimos para restaurarla y operarla desde su centro de recuperación, verdadero corazón de la FIO. Sus ingenieros y mecánicos tienen un nivel técnico especializado muy elevado y han alcanzado una experiencia valiosísima.

CRM de FIO
Centro de restauración y Mantenimiento (CRM). Foto: Luis Martín-Crespo
T-6 Texan en mantenimiento
T-6 Texan en mantenimiento. Foto: Luis Martín-Crespo

Como una boutique de alta costura. Hasta llegar a ver en vuelo a estos aviones, con la desbordante fascinación de la que hacen gala, es necesario un largo y personalizado trabajo. “Hacemos tanto revisiones periódicas como las propias restauraciones de los aviones que adquirimos. A veces, dedicamos años hasta que consideramos que el avión está preparado. Los hay que los reconstruimos casi partiendo desde cero manteniendo al máximo la originalidad” apunta Carlos Valle. Y es que el trabajo de taller es una vuelta al pasado. De hecho, utilizan tareas de restauración y mantenimiento propias de cada época. Recurren a la documentación existente, “si no tenemos los manuales de vuelo, los confeccionamos”, así como, al conocimiento y la técnica que se ha ido pasando generación tras generación entre los mecánicos de la FIO, y que nada tienen que ver con la tecnología y procedimientos que hoy en día se emplean.

La colección sigue creciendo. Todavía quedan aviones que hayan jugado un papel importante en el desarrollo de la aeronáutica española y que puedan completar la colección. “Hay una lista de aviones muy importantes que nos gustaría adquirir, por ejemplo el BUCHON que lamentablemente no queda ninguno en España, todos están fuera”. Los más recientes en “aterrizar” en FIO son dos en depósito; de momento no son propiedad porque no han conseguido todavía los fondos para adquirirlos. Son el FAIRCHILD 24, “un avión importantísimo y muy interesante”, y un SAETA, que sustituirá al accidentado. Los dos están en vuelo, sin embargo, debido al estándar de mantenimiento altísimo de la FIO, mucho más allá del que exige la normativa, les están haciendo prácticamente una restauración. “No hay ninguna intención de sacarlos rápidamente a volar ya que no hay ninguna prisa y sería una irresponsabilidad”.

Fairchild 24 de FIO
Fairchild 24. Foto: Luis Martín-Crespo

En perpetuo y constante movimiento. Con prudencia y pies de plomo. “Estamos siempre produciendo, sin apenas medios de promoción ni instalaciones propias y además, limitadas”. La prudencia ha sido siempre una auto-exigencia. Carlos Valle comenta que si hubieran sido menos prudentes, haciendo más visible la FIO, ya habrían cerrado porque no habrían podido acoger miles de visitantes. “Hemos atendido a los medios, pero siempre sin buscar morir de éxito. Tenemos que ir con pies de plomo hasta que no logremos ubicar la colección en unas instalaciones como es debido y además, bajo la tutela y el amparo de las organizaciones que garanticen el futuro. Esperemos que sea en Getafe”. Y aun con su premisa de prudencia en la difusión de su existencia, hasta 3.000 personas acuden cada domingo de exhibición al aeropuerto de Cuatro Vientos para ver cómo vuelan estas joyas históricas.

El futuro inmediato es sobrevivir. “Si la aviación ya es por sí complicada, y si además no tienes unos recursos financieros garantizados, el reto cada año es llegar al final del ejercicio. Poder pagar salarios, arrendamientos, seguros, combustible, tasas, materiales, etc. Nuestro reto para el 2015 es cerrar el ejercicio y no haber muerto en el empeño. Así llevamos 25 años! pero sabemos que no es sostenible para los próximos 25 y por eso, ahora nos enfrentamos a ganar el futuro con proyección y sostenibilidad”.

Carlos Valle con la Comper Swift
Carlos Valle con la Comper Swift. Foto: Luis Martín-Crespo

El futuro a medio-largo plazo: Proyecto conjunto AIRBUS y Ayuntamiento de Getafe. Para Carlos Valle, la continuidad pasa por el cambio de ubicación. Del aeropuerto de Cuatro Vientos al de Getafe. Por proximidad, por semejanza histórica, porque no está abierto al tráfico civil y porque ahí está AIRBUS, que junto con el Ayuntamiento de Getafe están muy interesados en acoger el museo. Las conversaciones están avanzando y el proyecto está en marcha, incluso se ha realizado una reserva de suelo. En este escenario, la FIO quedaría como la operadora de la colección cuyo mantenimiento seguiría siendo su trabajo principal. Como comenta Carlos Valle, “estar bajo el amparo de estas dos organizaciones daría la garantía de viabilidad a la colección necesaria desde el punto de vista financiero y de instalaciones”.

El accidente del Saeta en mayo del 2013 supuso un gran mazazo para la FIO y todos sus integrantes. “Pese haber hecho las cosas con mucha seriedad y profesionalidad, con una organización muy bien diseñada… el accidente fue terrible. Somos pioneros pero, con una experiencia acumulada de décadas dedicadas a la aviación deportiva al margen de nuestra actividad profesional. El accidente fue terrible por injusto. Sobre todo, por el fallecimiento de Ladislao Tejedor, un profesional ejemplar y un enamorado de esta profesión que llevaba con nosotros más de 18 años. Sabía perfectamente lo que quería hacer, dónde quería estar, cómo quería contribuir… Valle también apunta que fue muy gratificante la respuesta por parte de las administraciones involucradas (AENA, Aviación Civil, AESA), de los medios de comunicación y del público en general al tratarse de un accidente fortuito en el que el piloto había acabado su exhibición e inexplicablemente algo le pasó. Al margen de los sentimientos personales, ese apoyo les ayudó muchísimo para seguir con su misión.

42 ejemplares de 34 modelos diferentes procedentes de cualquier parte del mundo. Valle nos comenta como fueron haciéndose con la colección. Aunque el objetivo es reunir modelos que han tenido un papel importante en la historia aeronáutica española, no todos los ejemplares son supervivientes encontrados en España ni siquiera de matrícula española. ”Lo primero que nos encontramos al empezar fue la dificultad de localizar aviones en España por las circunstancias de la guerra y postguerra. Partimos con 12 aviones pero para ir haciendo la colección tuvimos que ir fuera a través de contactos en Europa. Teníamos uno en especial, Robin D.W. Norton, un inglés que nos avisaba cuando salía a la venta algún avión interesante en Reino Unido. De allí hemos llegado a traer unos 7 aviones”.

Dragon Rapide. Foto: Ismael Abeytúa
Dragon Rapide. Foto: Ismael Abeytúa

Aventuras y desventuras hasta tener en la FIO los aviones. “Cada avión ha supuesto una historia de lo más rocambolesca” Carlos Valle nos comenta con voz entusiasta y de satisfacción, “negociábamos precio, buscábamos un patrocinador concreto para cada avión y materializábamos la operación. Algunos, incluso los mandábamos a restaurar a Inglaterra”.

Como en el caso del FALCON, que se localizó en un garaje en Zaragoza y, ya que había que restaurarlo siguiendo un modelo, tuvimos que mandarlo a Inglaterra porque allí había otro superviviente muy parecido”. El RATA lo trajeron desde Nueva Zelanda y supuso toda una aventura. Desde convencer al propietario, diseñar un contenedor especial, cumplir una travesía marítima de un mes hasta desembarcarlo en Barcelona y posteriormente, por carretera a Madrid. Una vez en la FIO, hacer las primeras pruebas con el experto en vuelo acrobático Jurgis Kairys -piloto acrobático lituano e ingeniero aeronáutico- que ya lo había volado en Nueva Zelanda. Después recopilar toda la información técnica para elaborar un nuevo manual de vuelo. Para finalmente, echar a volar el avión con todos los recursos a su alcance y mucha profesionalidad.

Rata. Foto: Javier guerrero
Rata. Foto: Javier guerrero

Se vuela lo justo para mantener los aviones, unos 10 días al año. “Miramos mucho la procedencia del grupo de pilotos voluntarios, integrado por 35 profesionales. Hay un primer proceso de adaptación del candidato para ver si encaja en la Fundación. Si viene pensando que va a volar, se está equivocando. Aquí no se sale a quemar gasolina porque sí, aquí manda el interés general, nunca el particular”. Y salen a exhibir el avión y no a las personas. El segundo proceso es de adaptación técnica para saber cuál es el candidato ideal para volar un determinado tipo de avión. “Hay que contar con pilotos muy expertos para aviones de un valor incalculable”, destaca Valle.

A la FIO se viene a trabajar duro y no a volar. Ninguno de estos aviones es fácil dado el alto riesgo de romperse a pesar del elevado criterio de conservación. Hay que operarlos con sumo cuidado. Muchos tienen procedencia militar y se les aplican los mismos estándares del ejército. Por ejemplo, desde que llegó el SAETA, el del accidente, sólo lo han volado 4 pilotos militares. Ladislao Tejedor era el cuarto reactorista, sustituto de los 3 anteriores por razones de edad. “Con ese rigor y esas garantías, es como hizo su curso, sus prácticas, pasó sus pruebas de vuelo, etc”. Y todo controlado y fiscalizado por la Dirección General de Aviación Civil.

Pilotos y personal técnico FIO. Foto Shery
Pilotos y personal técnico FIO

Exhibiciones alejadas del espectáculo que no sobrecogen al espectador. Cada primer domingo de mes, la FIO abre sus puertas a los aficionados y visitantes en general. Valle nos explica: “Son exhibiciones muy rutinarias, incluso no atractivas para el no entendido. Se exhiben los aviones para contemplar que están en vuelo y mostrar cómo era la aviación en esa época con una colección no estática. No hacemos vuelo acrobático y no sometemos el aparato a ningún estrés. Los sacamos entre algodones”. Por ejemplo, el RATA que era un caza se muestra con sus particularidades cuando sale al aire pero, sin buscar el espectáculo por el espectáculo. Incluso, la exhibición que coincidió con la celebración del 25 aniversario no tuvo nada de especial. Solo al finalizar, miembros en activo del equipo nacional acrobático, que también lo son de la FIO, salen con material que utilizan en las competiciones para mostrar cómo es la aviación actual respecto a la de la colección con todas sus limitaciones.

Formación FIO
En formación en Aire-75. Foto: Luis Martín-Crespo

“Somos el museo que más vuela y de manera más regular del mundo”. Desde el pasado Julio de 2014, la FIO ha retomado su programa de demostraciones en vuelo tras la autorización por la AESA. Valle nos comenta que volar el primer domingo de cada mes no lo hace ninguna colección en todo el mundo. “Lo hacemos nosotros porque es la manera de, sin tener medios, de darnos a conocer. Pero, sin salirnos de nuestra rutina. Es un esfuerzo enorme poner en marcha toda esta maquinaria. Tenemos una política ultraconservadora que la gente no acaba de entender por qué no salimos de Cuatro Vientos. No volamos fuera de aquí a pesar de las invitaciones. Somos un museo, el que quiera vernos aquí nos encontrará. Lo contrario nos llevaría a actuaciones arriesgadas”.

Carlos Valle, el alma de la Fundación. La FIO se considera una mera intermediaria que opera gracias a los patrocinadores y más de 3.000 donantes que les ayuda a mantenerse vivos. También gracias a la labor de los 35 pilotos voluntarios, los miembros del patronato y los empleados, mecánicos en su mayoría, de la FIO. Sin embargo, hablar de la FIO es hablar de Carlos Valle y de su completa dedicación y pasión por la aviación histórica. De él partió la idea de montar la Fundación en el año 84. Por su propia experiencia como piloto acrobático veía que el esfuerzo desaparecía en 4 minutos y que la aviación deportiva tenía que poder tocarse. Y así, nació el museo. “Con mucho sacrificio y una gran satisfacción, sobre todo, cada vez que nos llega un avión nuevo”.

Carlos Valle ha compaginado su faceta profesional en línea aérea con su labor en la FIO durante estos 25 años. Ramón Ortega, piloto de FIO, nos comentaCarlos como piloto no tiene equivalencia. Vuela todos los aviones, los fáciles y los difíciles, los cómodos y los menos cómodos. Primero los vuela él y luego nos suelta a los demás”. Tres los trajo en vuelo desde Inglaterra: el MILES FALCON, BRITISH EAGLE y DRAGON RAPIDE cruzando el Canal de la Mancha con los escasos instrumentos con los que están equipados y superando los obstáculos que, lógicamente, se fueron presentando.

Miles Falcon. Foto FIO
Miles Falcon. Foto Ismael Abeytúa

Cauto y totalmente entregado al proyecto. Con una aplastante pasión y sentido común que lo convierten en un profesional incombustible, y con una visión clara y rotunda de cómo se debe gestionar un patrimonio como éste. Hay que tener mucha experiencia para gestionar la colección.

Los 25 años al frente de la FIO, con dedicación plena en su tiempo libre, han sido para Carlos Valle la confirmación personal, y de todos los que forman el patronato, de qué la FIO, en un mundo tan complicado como es el de aviación, ha conseguido ser lo que querían hacer.

Siempre mirando al futuro, es posible que en breve la Fundación sea pionera en la primera exhibición de Ainhoa Sánchez como “wingwalker” profesional en nuestro país. De momento, Ainhoa está haciendo esta actividad en Inglaterra. Una bailadora sobre las alas de un avión en vuelo de la colección que enriquecerá nuestra aviación histórica, puesto que esta tradición anglosajona viene de la época entreguerras de la Gran Depresión. Otro reto para la FIO.

Ahora para la Fundación Infante de Orleans, 25 años después de empezar su camino, el objetivo principal es el relevo generacional cuya misión será dar con la ubicación adecuada y encargarse de la gestión de la colección. Casi seguro será en Getafe, en una instalación magnífica gracias a AIRBUS España y su Ayuntamiento. Junto con el resto de patrocinadores, la Fundación será una organización cada vez más profesionalizada y entregada. Es el testigo que dejará Carlos Valle: cerebro, corazón y alma de la FIO.

Carlos Valle. Foto: Ismael Abeytúa
Carlos Valle. Foto: Ismael Abeytúa
ALGUNOS DATOS DE LA COLECCIÓN:

– La FIO tiene 42 aviones de 34 modelos. Sólo un planeador de los años 30 no vuela. El resto está en vuelo o en fase de restauración.

– La colección abarca de 1925 a 1955. Los años 30 son el núcleo duro de la colección. Por las circunstancias de la Guerra Civil y la época de los grandes raids.

– El más antiguo es DH-60 MOTH de 1925. El más moderno, el SAETA de 1955. Aunque hay un par de aviones posterior a este arco temporal. Por ejemplo, la PITTS SPECIAL de 1967 por su valor histórico y especialidad en vuelo acrobático.

– Los más emblemáticos de la colección:
• COMPER C.L.A. SWIFT, el avión con el que Fernando Rein Loring hizo el raid Madrid–Manila en 1933
• BRITISH EAGLE 2, el avión con el que Juan Ignacio Pombo hizo el vuelo Santander-México en 1935
• DH 89 DRAGON RAPIDE, un avión revolucionario en su época por sus extraordinarias prestaciones. Usado durante la Guerra Civil en el bando republicano. Después por Iberia para prestar servicios en Marruecos y Guinea
• MILES FALCON SIX M 3.C, único superviviente de la Guerra Civil de 1935
• TWIN BEECH, el primer avión que tuvo Spantax
• POLIKARPOV I-16, más conocido como Mosca/Rata de la Guerra Civil
• DE HAVILLAND MOTH, el único que aún puede volar
• FAIRCHILD 24, de momento en depósito
Cada uno tiene su propia historia detrás.

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Un comentario

  1. HECTOR MANUEL PEITEADO

    FELICITACIONES POR HISPAVIACION 2.0; POR LA F.I.O. Y TODO LOS LOGRADO. UNA PERLA: EN EL COMENTARIO SOBRE EL DE HAVILLAND D.H.89 SE LES PASÓ EL ROL FUNDAMENTAL QUE ESTE APARATO CUMPLIO A COMIENZOS DE VUESTRA GUERRA CIVIL LLEVANDO A FRANCO A MARRUECOS. PIENSO QUE DENTRO DE LA HISTORIA CHICA AERONÁUTICA DE ESTA HERMOSA MÁQUINA, ES TODO UN HITO MERECEDOR DE DESTACARSE…